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General Arenales - Se entregaron las distinciones "Ciudadanos Ilustres"
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General Arenales - CONCEJO DELIBERANTE
Se entregaron las distinciones "Ciudadanos Ilustres"
entre ellos a nuestra querida Hna. Lucía.

Fuente noticiosa: Radio Génesis | Jueves, 13 de Febrero de 2003

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En el marco de una sesión especial del HCD de Gral. Arenales, se realizó la entrega de distinciones a ciudadanos que se han destacado por su trayectoria en el ámbito del distrito, favoreciendo a la comunidad.

En ese sentido, en un acto cumplido en el Centro Cívico Municipal de Gral. Arenales, los concejales procedieron a entregar un recordatoria que consistió en medalla y pergamino que los designa como ciudadanos ilustres. Los mismos fueron propuestos por concejales de cada localidad y ellos fueron: Dr. Juan Carlos Ambrosino de Gral. Arenales, Dr. Ameghino Pera, (post. morten) de Arribeños, Sra. Blanca Valdéz de González, docente jubilada de Ferré y Hna. Lucía por Ascensión.

Los concejales de Ascensión, Dr. Aldo Alzari (PJ), Dr. Daniel Adris y Marcelo Borrás (UCR), fueron quienes presentaron la propuesta de distinguir a la querida religiosa que dejó su impronta en la comunidad y siempre trabajó en favor de los humildes.

La Hna. Lucía fue puntal fundamental del Colegio Nuestra Señora de Ascensión, donde trabajó durante muchos años como docente en distintas áreas. Y también realizó una labor religiosa muy profunda en el Barrio Estación Ascensión junto a la gente más humilde, lo cual habla de su profunda sensibilidad.

Un Ejemplo de Vida
Nació en el año 1916 en el Partido de Lincoln (Triunvirato), siendo su nombre Mercedes Elisa Jauregui; descendiente de laboriosos vascos franceses, profundamente cristianos, fue una de la hijas menores de la prolífica familia. Desde pequeña amó la naturaleza, el campo donde creció y aprendió a entender a la gente humilde y laboriosa.

Sus estudios los realizó en diversas escuelas religiosas, primero en Lincoln y después en Bs. As., obteniendo el título de Maestra Normal Nacional. Destacada estudiante, de inteligencia brillante se perfiló como docente nata. El idioma francés fue también su lengua materna, que perfeccionó con estudios y que dominó brillantemente.

Su deseo de ser religiosa provocó algún desencuentro familiar ya que por sus cualidades intelectuales sus padres acariciaban la idea de alguna carrera universitaria para Mecha, como afectuosamente la llamaban. Pero estaba segura de que su misión era otra y finalmente decide entrar en la Congregación de las Siervas de María de Anglet, de origen francés, que llegó a conocer a través de las hermanas del colegio Notre Dame de Lincoln, donde había sido alumna en sus primeros años.

Entrar en la congregación, por aquellos tiempos, significaba realizar los 6 años de noviciado en la casa madre, en Anglet, Francia. El noviciado marcó a fuego su alma poniéndola en contacto con el espíritu de la congregación y se compenetra en la vida y obra del fundador: Padre Eduardo Cestac, que en el siglo XIX se ocupó en la promoción humana en múltiples aspectos, fundamentalmente en la educación de la chicas de la calle y la atención a los enfermos y discapacitados. Además la segunda Guerra Mundial se declaró poco tiempo después de su llegada a Francia.

La Guerra Mundial
Allí conoce el paroxismo de las miserias humanas. Anglet estaba situada en la zona francesa que fue dominada por el Ejercito Nazi. El espacioso predio fue visto por el mando alemán como un lugar ideal para acampar y concentrar reservas de combustibles.

Ante la inminente ocupación, las hermanas obran con diligencia, ubican todos los internos posibles con sus familiares. Las hermanas saben que los alemanes no toman lugares de internación donde hay enfermos infecciosos. Es así que las religiosas entre ellas la Hna. Lucía transforman el colegio en hospital, a los pupilos en enfermos y a las docentes en enfermeras. Logran su cometido, pueden quedar dentro del edificio, pero no pueden contar con la huerta, las tierras cultivables, con la leña para el frío invierno francés, ni mucho menos con las aves de corral, los cerdos y las vacas lecheras. Todo va para el ejército alemán.

La comida era otro drama, la religiosa considera que sobrevivieron gracias a un pescador que se jugaba la vida trayéndoles pescado por las noches.

Frecuentemente veía los cadáveres de miembros de la resistencia que eran expuestos para escarmiento de la población (ahorcados y/o fusilados).

Ya avanzada la guerra, se esperaba la invasión americana y la gran preocupación era la cercanía de las reservas de combustible, si se producía el bombardeo todo estallaría. La oración, la confianza en la Providencia va llevando a Lucía por caminos de solución, dentro de lo dramático de la experiencia descubre que el responsable del posesionamiento alemán es católico y llega dialogar con él. En el fondo de ese hombre endurecido por la guerra, percibe destellos de humanidad: "Si tenemos la misma fe. ¿Por qué somos enemigos?, se anima a decirle. El le contesta en su mal francés: "Hna. la guerra es la guerra, está sobre nosotros".

Los diálogos se hacen más frecuentes y llega el tema de los combustibles: Retirarlos de los edificios, no es para el mando alemán ni un peligro ni un compromiso y en caso de un bombardeo se podrían salvar a los que están adentro. El alemán accede y a los pocos días los aviones aliados oscurecen el cielo y estallan los combustibles que por suerte están lejos, en el medio del campo.

El dolor de la guerra le llega también a través de sus familiares franceses. En un mismo día pierde a tres primos en el frente de batalla. Por mucho tiempo no puede comunicarse con su familia argentina, cuando lo logra es para saber del fallecimiento de su mamá.

Labor en Ascensión
Concluida la guerra y terminado su noviciado Lucía regresa a la Argentina a trabajar como docente en los colegios de la congregación. Lo hace en Bs. As. y Lincoln, con una tarea intensísima, siendo modelo de abnegación y caridad cristiana.

En 1961 la congregación la destina, junto a otras dos hermanas a la localidad de Ascensión para poner en marcha el Colegio Nuestra Señora, fundado por el Padre Paris. No solo era ponerlo en marcha sino hacerlo porque el colegio estaba en construcción y era habitable en lo mínimo indispensable.

Lucía se ocupó de la implementación del nivel secundario. Fue realmente el "Alma Mater" del mismo. En aquel tiempo no había tantas especializaciones y se desempeñó en múltiples roles, dejando la impronta de los ideales por los cuales ofrendó su vida: fe en Dios y en las posibilidades de todo ser humano y profundo sentido de justicia, pero a la vez de caridad y misericordia. Alentó, corrigió y promovió, sus alumnos y colegas docentes pueden atestiguarlo. Desempeñó roles de directora, secretaria, profesora, preceptora, encargada de las pupilas, directora de coros, animadora de docentes.

Hacia fines de la década del '60, por motivos de salud deja temporariamente a Ascensión. Ya repuesta, regresa para realizar una tarea de promoción en Estación Ascensión. Su centro de operaciones es uno de los edificios del ferrocarril, allí inaugura la capilla "San José Obrero" y comienza a organizar la comunidad cristiana del lugar: coordina la catequesis, promueve el apoyo escolar a los niños, visita hogares, se acerca a los enfermos y ancianos, promueve la realización de huertas, organiza talleres para mujeres, etc.

La Hna. Lucía lleva por espacio de muchos años una tarea evangelizadora que abarca bautismos, comuniones, confirmaciones y casamientos.

Con el apoyo comunitario abre las puertas de una capilla que primero funcionaba en una de las casillas del ferrocarril y luego tendría su edificio propio en el lugar donde hoy se alza, como recuerdo permanente a la Virgen de Luján que tanto ama.

En la capilla no solo se oficiaban celebraciones o Misas, sino que se ofrecía comedor a niños y cursos de corte y confección o tejido a adultos. También se enseñaba catequesis. Las alumnas eran convocadas permanentemente por su megáfono, como así también a aquellos que desde el barrio proseguían sus estudios.

Incansable, la Hna. Lucía, caminó las calles de tierra y todos la recuerdan pidiendo para otros, hasta que después de una lucha denodada logra la creación del Centro Complementario, que es la continuación de su obra en ese pedacito de suelo, que en cada rincón, siente su presencia y guía.

A mediados de los '80 la congregación la traslada al Gran Bs. As. donde continúa trabajando en tareas de promoción en barrios carenciados.

Actualmente, a los 86 años, se encuentra en Lavallol en una casa de la congregación donde vive junto a otras religiosas que la atienden y que encuentran en ella a una hermana que da y ha dado testimonio de solidaridad.

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